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Patios escolares sostenibles: la importancia de la madera en el juego infantil

En los últimos años, los centros educativos han comenzado a replantearse el diseño de los patios escolares, apostando por espacios más sostenibles, naturales y estimulantes para el desarrollo infantil. La elección de los materiales juega un papel clave en esta transformación, y la madera se ha consolidado como una de las opciones más beneficiosas tanto para el medioambiente como para el bienestar de los niños. ¿Por qué la madera es el material ideal para los patios escolares? A continuación, exploramos sus ventajas y su impacto en la educación y el juego infantil.

La madera como material ecológico y sostenible

En un momento en el que la sostenibilidad es un valor fundamental en cualquier ámbito, la elección de materiales ecológicos en la construcción de espacios educativos es esencial. La madera es un material renovable, biodegradable y de bajo impacto ambiental si se obtiene de fuentes responsables y certificadas. A diferencia de los plásticos o metales, cuya producción genera grandes cantidades de CO₂, la madera actúa como sumidero de carbono, almacenando este gas y contribuyendo a reducir el calentamiento global.

Además, el uso de madera certificada en patios escolares garantiza una gestión forestal sostenible, asegurando que los árboles talados son reemplazados y que los ecosistemas no se ven perjudicados. Esto convierte a la madera en una opción alineada con los valores de educación ambiental que muchos colegios buscan transmitir a sus alumnos.

Beneficios para el desarrollo infantil

El juego es una parte esencial del aprendizaje en la infancia, y el entorno en el que se desarrolla influye significativamente en las experiencias de los niños. La madera aporta múltiples beneficios al desarrollo infantil, tanto a nivel físico como emocional y cognitivo.

Mayor conexión con la naturaleza

Los niños de hoy en día pasan cada vez más tiempo en entornos urbanos, alejados del contacto directo con la naturaleza. La inclusión de elementos de madera en los patios escolares permite recrear espacios naturales que fomentan el juego libre y la exploración. Diferentes estudios han demostrado que el contacto con materiales naturales mejora el bienestar emocional de los niños, reduciendo el estrés y aumentando la concentración en las actividades escolares.

Mejora de la motricidad y la creatividad

Los patios escolares diseñados con madera suelen incluir estructuras versátiles como troncos para equilibrarse, casitas, puentes o zonas de escalada, que favorecen el desarrollo motor grueso y la coordinación. A diferencia del plástico, que tiende a generar superficies uniformes y predecibles, la madera ofrece texturas y formas irregulares que desafían a los niños a desarrollar su equilibrio, fuerza y habilidades motoras.

Además, la madera fomenta el juego simbólico y creativo. Mientras que un tobogán de plástico tiene un único propósito, una estructura de madera puede transformarse en una fortaleza, un barco pirata o cualquier otro escenario imaginativo, estimulando la creatividad de los niños y promoviendo el juego colaborativo.

Material seguro y confortable

Uno de los mitos más extendidos sobre la madera es que puede ser peligrosa en los parques infantiles debido a las astillas o el deterioro con el tiempo. Sin embargo, la tecnología actual permite tratar la madera de forma segura, garantizando superficies lisas y resistentes a la intemperie. Los tratamientos ecológicos protegen la madera contra la humedad, los insectos y la putrefacción, asegurando una larga vida útil sin necesidad de productos químicos nocivos.

Además, a diferencia del metal o el plástico, la madera no se calienta en exceso en verano ni se enfría demasiado en invierno, ofreciendo una temperatura más estable y confortable para los niños durante todo el año.

Un patio escolar alineado con la educación en valores

Los patios escolares no son solo un espacio de recreo, sino también una extensión del aula donde los niños pueden aprender de manera práctica y experiencial. El uso de madera en estos espacios no solo favorece el bienestar infantil, sino que también refuerza valores fundamentales como el respeto por la naturaleza y la sostenibilidad.

Muchos colegios han comenzado a integrar proyectos educativos en los que los niños participan activamente en la creación y mantenimiento de los espacios exteriores. Plantar árboles, cuidar huertos o incluso colaborar en la construcción de estructuras de madera en el patio son actividades que fomentan la responsabilidad y el trabajo en equipo, al tiempo que fortalecen la conexión de los niños con su entorno.

Ejemplos de patios escolares con madera en Europa

El movimiento hacia patios escolares más naturales y sostenibles no es exclusivo de España. En países como Dinamarca, Suecia o Alemania, muchos colegios han transformado sus espacios exteriores apostando por la madera y otros materiales ecológicos. En estos países, los patios con troncos, pasarelas y estructuras de madera se han convertido en estándares educativos, promoviendo una filosofía de juego libre y aprendizaje en la naturaleza.

Los resultados han sido positivos: los niños muestran mayor autonomía, creatividad y concentración en clase tras jugar en entornos naturales. Además, se ha observado una reducción en los conflictos en el recreo, ya que los espacios de juego con materiales naturales fomentan la cooperación en lugar de la competencia.

Conclusión: La madera, una inversión en el futuro de la educación

La elección de materiales para los patios escolares no es un aspecto trivial, sino una decisión que influye en el bienestar y desarrollo de los niños. La madera se ha consolidado como la mejor alternativa para crear espacios de juego sostenibles, seguros y estimulantes. Su impacto positivo en la salud, la creatividad y la educación en valores la convierte en una opción que va más allá de la estética, representando una inversión en el futuro de los niños y del planeta.

A medida que más colegios adoptan esta visión, los patios escolares de madera se están convirtiendo en un referente del cambio hacia una educación más conectada con la naturaleza. La pregunta no es si este modelo es viable, sino cuándo más centros educativos darán el paso hacia un entorno de aprendizaje más sostenible y enriquecedor para las próximas generaciones.